Amundi, la gestora de activos líder en Europa1, presenta sus perspectivas de inversión responsable para 2026, en las que expone cómo los reajustes geopolíticos y la aceleración de las tendencias climáticas y tecnológicas remodelarán las prioridades y asignaciones de inversión para el próximo año.

En 2025, la renta fija lideró una normalización de la inversión responsable y la demanda en renta variable pasó de criterios restrictivos hacia enfoques de bajo tracking error. La recalibración de las coaliciones climáticas intensificó la gestión responsable y aumentó el enfoque corporativo en la adaptación.

Elodie Laugel, directora de Inversión Responsable de Amundi, afirmó: «La inversión responsable está pasando de ser una aspiración para convertirse en una realidad. Las expectativas en materia de gestión responsable, especialmente en Europa, siguen intensificándose. Cada vez se hace más hincapié en dirigir el capital hacia soluciones climáticas que tengan un impacto medible y real. En 2026, el enfoque se extenderá más allá de los planes de transición para abarcar cuestiones fundamentales como la resiliencia y la preservación del capital natural. A medida que aumentan los riesgos físicos y los sistemas energéticos se transforman a una velocidad sin precedentes, lo que diferenciará a los líderes no será la ambición, sino la capacidad de actuar —de forma decisiva y a gran escala— para garantizar la autonomía estratégica y la resiliencia financiera duradera».

Seis convicciones para 2026

1.El principal obstáculo para el desarrollo de las energías limpias ha pasado de la ampliación de capacidad a la integración del sistema
La demanda global de electricidad se está acelerando, la AIE prevé un crecimiento del 4% hasta 2027, sumando 3.500 TWh, con más del 90% de este crecimiento viniendo de las energías renovables. La intensidad de carbono de las empresas cotizadas se redujo aproximadamente un 8% interanual a nivel global, lo que deja incierto el punto de inflexión del pico de emisiones relacionadas con la energía. A medida que las energías renovables son cada vez más competitivas en términos de costes, la limitación vinculante son ahora las redes, la flexibilidad, el almacenamiento y una conexión más rápida, que deben facilitarse mediante políticas (permisos, colas de espera de conexión, reglas de mercado…). Para los inversores, la asequibilidad para el usuario final es un factor cada vez más importante que hay que vigilar, ya que los fallos de integración o los retrasos regulatorios pueden aumentar las facturas y ralentizar la adopción.
 

2. Los esfuerzos de autonomía estratégica están fragmentando el panorama energético
Los gobiernos están relocalizando cadenas de suministro críticas, desde tecnologías limpias y minerales críticos hasta partes de la cadena de valor de los combustibles fósiles, con el fin de aumentar la resiliencia. Europa da prioridad a la rapidez: expandir rápidamente las redes, la flexibilidad y las tecnologías limpias domésticas o enfrentarse a costes más elevados y una menor autonomía. Estados Unidos utiliza incentivos y la localización, pero envía señales contradictorias: el crecimiento de la inteligencia artificial y la electrificación impulsa las necesidades de capacidad, mientras que la volatilidad de los mercados del gas y gas natural licuado y las infraestructuras orientadas a la exportación pueden ejercer presión sobre los precios y crear un bloqueo. Asia, liderada por China, ya domina la fabricación de tecnologías limpias. Para muchos países asiáticos, los argumentos a favor de una transición energética sostenible son claros y ofrecen resiliencia climática, independencia energética y oportunidades económicas.

 

3. La adaptación al cambio climático es ahora un imperativo para los inversores, al mismo nivel que la transición.
Los inversores están dando prioridad a la adaptación a medida que aumentan los efectos del cambio climático, y el 60% de las empresas esperan que los riesgos físicos tengan un impacto financiero significativo en los próximos cinco años. Para gestionar mejor los riesgos mientras se persiguen los objetivos de descarbonización, los inversores deben integrar el análisis de los riesgos climáticos, incluidos los de las cadenas de suministro, en sus procesos de due dilligence y de asignación de activos, y dar prioridad al desarrollo de métricas de adaptación a los riesgos de cola a nivel de activos, que aún están poco desarrolladas.
 

4. El capital natural se está generalizando en la inversión responsable y con razón
La financiación mundial de la naturaleza asciende a 200.000 millones de dólares anuales, pero debe triplicarse para 2030. El capital privado, que actualmente solo representa el 18% de los flujos, es fundamental para ampliar la inversión. La vía más directa para los inversores son los activos reales, como los bosques, las tierras agrícolas y los derechos sobre el agua, que generan rendimientos a través del uso sostenible (créditos de carbono, madera, agricultura) y se integran cada vez más en las carteras sofisticadas. Para acelerar el crecimiento, instrumentos financieros como los bonos verdes, los canjes de deuda por naturaleza y los bonos de impacto pueden canalizar capital adicional hacia estos activos. Ambos canales pueden ofrecer rendimientos ajustados al riesgo atractivos con impacto.
 

5. La IA está redefiniendo la inversión responsable, desde el uso de datos hasta el mercado laboral
La IA está mejorando el análisis de la sostenibilidad, acelerando la ingesta de datos y añadiendo nuevos conocimientos cualitativos, pero también corre el riesgo de ampliar las brechas sociales y la disrupción de la mano de obra, especialmente en sectores expuestos al envejecimiento. Es probable que se encuentren oportunidades en plataformas integradas de salud/atención sanitaria, robótica/automatización para servicios con escasez de mano de obra e infraestructura digital inclusiva para todas las edades. El año 2026 también cristalizará lagunas normativas en torno a la IA, como en materia de ética o de divergencias regionales, lo que obligará a los inversores a reorientar capital hacia casos de uso social y económicamente útiles.
 

6.2026: una oportunidad para alinear los productos de inversión responsable con las preferencias de los inversores
La capacidad para responder a la fuerte demanda declarada por parte de los particulares, especialmente los inversores jóvenes, se ve frenada por la falta de claridad de las etiquetas y las complejas obligaciones de información. En Europa, 2026 podría ser un punto de inflexión: SFDR 2.0, combinada con la armonización técnica de MiFID II y la IDD, puede simplificar las etiquetas y reducir la complejidad del asesoramiento para desbloquear la participación de los particulares, siempre que las categorizaciones de los productos permitan una verdadera adecuación entre los productos y el mercado.